Las cicatrices por acné son una complicación frecuente y con implicaciones

sociales y psicológicas en el paciente, por lo que debemos realizar un tratamiento oportuno del acné evitando su aparición en la medida de lo posible. Sin embargo, algunos pacientes van a presentar dicha complicación aún con una intervención temprana, ya sea por el grado de inflamación, tiempo de resolución del brote o la manipulación de las lesiones de acné.

El proceso de cicatrización se divide en tres fases:

  1. Fase inflamatoria. Se produce una estrechamiento de los vasos sanguíneos para producir hemostasia y posterior vasodilatación con el consiguiente eritema. En este proceso se puede estimular la melanina y provocar hiperpigmentación.
  2. Fase proliferativa. Se produce la regeneración del tejido dañado y liberación de factores de crecimiento que estimulan la proliferación de fibroblastos y la producción de colágeno para sanar el tejido.
  3. Fase de remodelación de la matriz extracelular. Si hay un desequilibrio puede derivar en cicatrices atróficas por una falta de producción de colágeno, o en hipertróficas por la abundante producción de tejido fibroso.

Las cicatrices de acné más comunes son las atróficas, se forman por pérdida de colágeno y se localizan más frecuentemente en el rostro. Además pueden estar acompañadas de otras alteraciones cutáneas como enrojecimiento, hiperpigmentación o textura irregular. Según su amplitud, profundidad y forma se clasifican:

  1. Pico de iceberg o ice-pick: son cicatrices puntiformes pero profundas y son las más difíciles de tratar. Presentan forma de “V”, con una salida estrecha, de menos de 2 mm, y tracto epitelial que se extiende hasta dermis profunda o tejido celular subcutáneo.
  2. Ondulada o rolling: son de base ancha, entre 4 y 5 mm, se forman por alteración en fibras de anclaje entre la dermis y la hipodermis lo que les da un aspecto ondulado en forma de “M”.
  3. En furgón o box car: se caracterizan por bordes verticales bien delimitados con una base más amplia, lo que les confiere una forma ovalada o en “U”. Se subdividen en superficiales (<0,5 mm) y profundas (>0,5 mm) y tienen una base de entre 1,5 y 4 mm.

El tratamiento de las cicatrices de acné está dirigido a mejorar la apariencia de la piel, teniendo en cuenta las características de las cicatrices, los tratamientos previos, la presencia de lesiones inflamatorias de acné, el fototipo de piel y las expectativas del paciente.

Entre las opciones de tratamiento están el microneedling, la carboxiterapia, la subcisión, el levantamiento con ácido hialurónico, bioestimulación con plasma rico en plaquetas (PRP) o exosomas, láseres no ablativos como el 1340 y láseres ablativos como el Erbio:YAG o CO2.

Es importante entender que las cicatrices no se eliminan, sino que se remodelan y se mejoran. Cada sesión de tratamiento de cicatrices debe realizarse con aplicación de crema anestésica antes del procedimiento.

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