Las cicatrices por acné son una complicación frecuente y con implicaciones
sociales y psicológicas en el paciente, por lo que debemos realizar un tratamiento oportuno del acné evitando su aparición en la medida de lo posible. Sin embargo, algunos pacientes van a presentar dicha complicación aún con una intervención temprana, ya sea por el grado de inflamación, tiempo de resolución del brote o la manipulación de las lesiones de acné.
El proceso de cicatrización se divide en tres fases:
- Fase inflamatoria. Se produce una estrechamiento de los vasos sanguíneos para producir hemostasia y posterior vasodilatación con el consiguiente eritema. En este proceso se puede estimular la melanina y provocar hiperpigmentación.
- Fase proliferativa. Se produce la regeneración del tejido dañado y liberación de factores de crecimiento que estimulan la proliferación de fibroblastos y la producción de colágeno para sanar el tejido.
- Fase de remodelación de la matriz extracelular. Si hay un desequilibrio puede derivar en cicatrices atróficas por una falta de producción de colágeno, o en hipertróficas por la abundante producción de tejido fibroso.
Las cicatrices de acné más comunes son las atróficas, se forman por pérdida de colágeno y se localizan más frecuentemente en el rostro. Además pueden estar acompañadas de otras alteraciones cutáneas como enrojecimiento, hiperpigmentación o textura irregular. Según su amplitud, profundidad y forma se clasifican:
- Pico de iceberg o ice-pick: son cicatrices puntiformes pero profundas y son las más difíciles de tratar. Presentan forma de “V”, con una salida estrecha, de menos de 2 mm, y tracto epitelial que se extiende hasta dermis profunda o tejido celular subcutáneo.
- Ondulada o rolling: son de base ancha, entre 4 y 5 mm, se forman por alteración en fibras de anclaje entre la dermis y la hipodermis lo que les da un aspecto ondulado en forma de “M”.
- En furgón o box car: se caracterizan por bordes verticales bien delimitados con una base más amplia, lo que les confiere una forma ovalada o en “U”. Se subdividen en superficiales (<0,5 mm) y profundas (>0,5 mm) y tienen una base de entre 1,5 y 4 mm.
El tratamiento de las cicatrices de acné está dirigido a mejorar la apariencia de la piel, teniendo en cuenta las características de las cicatrices, los tratamientos previos, la presencia de lesiones inflamatorias de acné, el fototipo de piel y las expectativas del paciente.
Entre las opciones de tratamiento están el microneedling, la carboxiterapia, la subcisión, el levantamiento con ácido hialurónico, bioestimulación con plasma rico en plaquetas (PRP) o exosomas, láseres no ablativos como el 1340 y láseres ablativos como el Erbio:YAG o CO2.
Es importante entender que las cicatrices no se eliminan, sino que se remodelan y se mejoran. Cada sesión de tratamiento de cicatrices debe realizarse con aplicación de crema anestésica antes del procedimiento.

