¿Por qué el melasma empeora en verano?

El melasma es un trastorno de la pigmentación caracterizado por manchas marrones o gris-parduzcas simétricas en la cara (frente, pómulos, labio superior) causado por una sobreactivación de los melanocitos, las células que producen melanina. Su naturaleza es crónica y recurrente, y el verano concentra todos los factores que lo desencadenan. 

El primero y más conocido es la radiación ultravioleta: tanto los rayos UVB (que afecta a la epidermis) como los UVA (que penetran hasta la dermis) estimulan la producción de melanina. Pero la investigación científica de los últimos años ha identificado otros dos agresores igual de relevantes para el melasma: la luz visible de alta energía (especialmente el espectro azul-violeta entre 400-500 nm) y el calor generado por la radiación infrarroja. El verano los amplifica todos a la vez haciendo que sus efectos tengan un carácter multiplicador.

A esto se suma el factor hormonal: el estrés oxidativo generado por la exposición solar actúa con mayor intensidad en mujeres con niveles de estrógenos elevados (ya sea por anticonceptivos hormonales, terapia hormonal sustitutiva o embarazo), lo que explica por qué el melasma afecta de forma desproporcionada a mujeres en edad fértil. 

 

La fotoprotección es imprescindible, pero tiene que ser la correcta. 

La fotoprotección es la piedra angular del control del melasma: sin ella, ningún tratamiento despigmentante mantiene sus resultados. Sin embargo, no cualquier protector solar es suficiente para el melasma.

Un ensayo clínico aleatorizado publicado en 2022 en Photodermatology, Photoimmunology & Photomedicine comparó dos fotoprotectores con el mismo SPF 50 aplicados junto a hidroquinona: el grupo que utilizó el protector con filtros de luz visible obtuvo una reducción significativamente mayor del índice MASI (la escala estándar de severidad del melasma) que el grupo con protección UV convencional. Un estudio prospectivo aleatorizado de 2025 confirmó estos resultados específicamente durante el periodo de verano. 

 

Las recomendaciones científicas con mayor respaldo son: 

  • SPF 50+ de amplio espectro que cubra UVA y UVB. No es opcional: es un estudio con 200 mujeres embarazadas que aplicaron SPF50+ diariamente, menos del 3% desarrollaron melasma, frente al 15-50% habitual en ese grupo de riesgo. 
  • Con óxido de hierro (fotoprotección con color o tintado). Los óxidos de hierro son los únicos ingredientes con eficacia demostrada frente a la luz visible de alta energía, con tasa de atenuación superiores al 93%. Un protector sin color, aunque sea SPF50+, no ofrece esta protección. 
  • Reaplicación cada 2 horas en caso de exposición directa al sol, y después de cada baño. 

El error más frecuente: confiar únicamente en el protector solar.

Aplicar protector solar es necesario, pero no suficiente. La literatura científica identifica otros factores modificables que contribuyen al empeoramiento del melasma en verano: 

  • Evitar la exposición solar en horas centrales (entre las 10 y las 16 horas) es tan importante como el fotoprotector. El uso combinado de sombreros o gorras también reduce la carga de radiación sobre la piel. 
  • El calor por sí solo (saunas, baños muy calientes, cocinas calurosas, etc.) pueden activar los melanocitos independientemente de la radiación solar. Esto explica por qué hay personas que notan empeoramiento del melasma incluso sin exponerse directamente al sol.
  • La revisión del tratamiento hormonal es relevante en mujeres cuyo melasma apareció o empeoró al iniciar anticonceptivos orales. En esos casos, la valoración conjunta con ginecología puede tener un impacto clínico real. 
  • Los antioxidantes tópicos (vitamina C o niacinamida) aplicados por la mañana ayudan a neutralizar el daño oxidativo generado por la luz visible e infrarroja, complementando la acción del fotoprotector. 

¿Qué puedo hacer para mantener el melasma controlado en verano?

Aunque el melasma no desaparece de forma definida, su evolución es muy modulable con las medidas correctas: 

  • Usar un fotoprotector SPF 50+ tintado con óxidos de hierro cada mañana, también en días nublados y en interiores próximos a ventanas.
  • Reaplicar cada 2 horas durante la exposición solar y tras cada baño.
  • Complementar con sombrero y ropa fotoprotectora en exteriores.
  • Evitar el calor intenso y las horas centrales del día.
  • Incorporar vitamina C u otros antioxidantes tópicos en la rutina matutina.
  • Mantener el seguimiento dermatológico durante el verano, especialmente si se está realizando un tratamiento despigmentante activo.

En conclusión, el verano no tiene por qué ser sinónimo de recaída. Con las herramientas adecuadas y un plan personalizado, el melasma puede mantenerse estable incluso en los meses de mayor exposición solar. Si tienes melasma y te preocupa no poder controlar los síntomas ahora que llega el verano, un dermatólogo especializado te puede ayudar a diseñar un plan personalizado para marcar la diferencia. 

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